Sangre, hospital y cárcel

LA NOCHE QUE MACHETEARON AL TORO!!

Por: Michangelo

El Toro

FOTO: El Toro Coronado pudo ser campeón mundial / Cortesía CMB.

Los cuentos o historias podrían ser fábulas o de la vida real. Estos de la vida real, se deducen de acontecimientos anecdóticos, policiales, de terror y realista. Yo no le haré un cuento, le relataré parte de un suceso acontecido entre un taxista y un boxeador de nuestro país.

En todos los ámbitos sociales de la humanidad, nos enteramos de momentos y sucesos siniestros que marcan una fecha o un instante de dolor en las personas y la historia. Personalmente, siempre quise indagar y entrevistar al hechor de las heridas que pusieron fin a la carrera de Francisco “El Toro” Coronado.

Coronado es uno de los mejores boxeadores que hemos tenido en Nicaragua. No conquistó un cinturón mundial, pero sus hechos y su calidad en el cuadrilátero son indiscutibles. Desgraciadamente, fue víctima del alcoholismo, adición que le arrebató el potencial que mostraba y lo llevó a ser sancionado en varias ocasiones.

El 11 de agosto de 1977, en un día como cualquiera, unos parroquianos se preparaban para ver el video del combate entre el “Toro Coronado” y el panameño Rafael “Brujo” Ortega. Una pelea, en la que el canalero, considerado por la prensa nicaragüense como inferior al nica, se había impuesto por puntos a Coronado.

Eran las 7:30 de la noche, el automóvil se detuvo frente a los ciudadanos que, sentados en la cuneta de la acera conversaban antes de entrar al local de Alcohólicos Anónimos llamado “El empalme”.

Entre ellos estaban los ex boxeadores, Julio Cesar Blanco y Mike Duarte, también Humberto “Cabezón” Murillo dedicado a las labores de Taxista, entre otros.

La puerta del auto se abrió y del mismo, en completo estado de ebriedad salió Francisco Coronado Salinas Arrieta, conocido como “El Toro Coronado”. Pistola en mano se dirigió al grupo de hombres.

¡Qué pasó Julio!, dijo a Blanco, mientras los demás, a excepción de Murillo, se levantaron y se fueron.

“¡Y vos, porque no te corres, ¡H. D. P.!” dijo a Murillo.

“Y porque me voy a correr”, contestó el aludido.

Al momento que Coronado decía, ¡Te voy a matar!”, disparó una bala que se incrustó en el pie de Murillo, este con dificultad se puso en pie y avanzó unos pasos hacia la puerta del local de AA.

Coronado le alcanzó, lo puso contra la pared a la vez que nuevamente disparaba otra bala que atravesó un costado de Murillo y otra en el hombro. Alzó la mano tratando de defenderse y otro plomo lo hirió en ella, en tanto que decía: ¡”No seas cobarde, estoy indefenso, vos tenés capacidad y estás preparado para enfrentar a hombres que se pueden defender, no me mates así!.

Era inútil, las suplicas no eran escuchadas, el licor y la furia tenían fuera de sí al hombre armado.


RIESGOSA INTERVENCION

Los minutos parecían horas, la noche se volvió macabra y la calle quedó desierta. Los vecinos temerosos cerraron las puertas. De pronto las acciones tuvieron un sesgo, apareció una mano salvadora, apretó el antebrazo de Coronado y el revolver cayó al piso.

Fue el excampeón nacional de peso welter, Julio Cesar Blanco (QEPD), que, arriesgando incluso la vida, intervino evitando que el desenfrenado y frenético armado, terminara con una vida. Fue el instante, el tiempo justo que Murillo aprovechó para entrar al local del Grupo de A.A.

Tomó un viejo machete, corto y sin filo. Sintiendo el olor a muerte, considerando que ya no tenía más que perder, trastabillando, desangrándose y con la vista nublada se acercó a Coronado gritando: ¡Ahora si me vas a terminar de matar, pero no me iré solo!”.

Con furia, en una reacción extrañamente fermentada por algo cercano a lo DIABOLICO, Murillo asestó uno y otro y otro machetazo en los brazos y cabeza de Coronado que empezó a sangrar de los brazos y el cuero cabelludo rotos. 

Los gritos, los chasquidos secos de los huesos y la jadeante garganta de los involucrados en el pleito se escuchaban extraños. Era el fin de una lucha que pareciera novelesca, sacada de historias fantásticas. Ocurrió en una calle del barrio Monseñor Lezcano, de Managua, Nicaragua.


INDESEABLE Y ATRACTIVO

Los problemas de alcoholismo y comportamiento del “Toro Coronado” eran tan comentados como frecuentes. Hubo una ocasión en que le pusieron tras las rejas para cuidar su vida deportiva antes de una pelea. Se dice que en la misma celda armó un escándalo.

Indeseable en su comportamiento, pero atractivo como boxeador. Sus combates eran coreados al son de ¡Toro!, ¡Toro!, ¡Toro! Altos oficiales de la Guardia Nacional y personas de la empresa privada le ayudaban, los empleados y obreros atestaban la taquilla cuando era programado. Así era Coronado.

En el mejor momento de su vida deportiva, estuvo asistiendo a un grupo de recuperación de A.A. Volvió a las andadas después de fracasar en su oportunidad de título mundial ante Ortega el 15 de enero de 1977.

Se habló de otro chance después de vencer al mexicano José Torres el 16 de Julio del mismo año. Coronado estaba urgido de olvidar la bebida y de nuevo buscó un Grupo de A.A.

El día antes de la tragedia (10 de Agosto), llegó a un local, se sentó a escuchar y cuentan que un ciudadano de apellido Alegría, dirigiéndose a él, le dijo cosas que le irritaron, volvió a la cantina, y buscó venganza.


UN ENCUENTRO DE PERDON

Don Humberto Murillo, nacido en el barrio Cuba en el año 1941, nos relató los acontecimientos agregando: “Yo era admirador de Coronado, esa noche habíamos comprado galletas y gaseosas para ver el video de la pelea con “El Brujo Ortega, del cine Aladino ½ cuadra abajo y una al lago”. Ahí era el local de AA.

Cuando le buscamos y le pedimos la entrevista accedió cortésmente.

"Michanguelo, primero quiero agradecerte por aquel día del año 1995 que llevaste al “Toro” al parque de Ciudad Jardín. Cuando le vi me puse nervioso y un amigo me pasó un puñal.

... Fue algo rápido y sorpresivo, habían transcurrido casi 28 años de los sucesos, no sabía que iba a pasar. Cuando si recuerdas que Coronado me dijo “Vos sos Murillo”, si le dije, me extendió la mano y agregó: Quiero que no tengas miedo, eso ya pasó y me hiciste M.., nos hicimos M… le contesté.

... Ese día sentí que algo salía de mi cuerpo, mi alma, mi corazón y mi espíritu se liberaron de 28 años de carga, vivía tensionado por DELIRIOS DE PERSECUSIÓN.

... Hoy soy conocedor de la palabra de Dios, eso de estrechar la mano a Coronado me liberó de algo feo, difícil de explicar a quien nunca ha tenido eso. Es horrible vivir con la idea que tendrás que matar o te matan” nos comentó Humberto Murillo.

AL HOSPITAL Y A LA CÁRCEL

Apesadumbrado, buscando los recuerdos con la mirada y el rostro acongojado, pero sintiendo alivio en la conversación, Murillo nos relató los momentos angustiosos que vivió en el hospital y después en la cárcel.

Mientras Coronado se debatía entre la vida y la muerte, él se recuperaba en una celda: “Fue duro ese tiempo, me torturaron física y sicológicamente, no querían que me declaran defensa propia, era la verdad, pero él era un ídolo del deporte y yo, nadie”, finalizó relatándonos don Humberto.

Me llené de Gozo, un Gozo Espiritual, cuando esa vez que relata Murillo en una tarde de 1995, llevé al “Toro” Coronado al Parque de Ciudad Jardín. Fui mediador a propósito, y testigo de esa oportunidad de perdón y constructiva conversación entre ellos.

Y aclaro, que esta es la versión de los hechos que me dio Humberto Murillo, casi bajo juramento me dijo que esa es la verdad. Y hoy que se cumplen 43 años de ese suceso la he compartido a ustedes. El “Toro” aún vive. Murillo falleció víctima de un atropello automovilístico, hace unos 4 años.

 

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